En los últimos años hemos sido testigos de un rápido y profundo cambio de nuestra sociedad que por muchos años tenía un modelo vertical -el cuál por definición implica una legitimación “de facto” de las jerárquicas y una estructura piramidal que se está transformando vertiginosamente hacía un modelo más horizontal, más igualitario y, gracias al fenómeno de las las redes sociales, más participativo.

Una sociedad vertical implica el reconocimiento y la aceptación de estructuras jerárquicas que necesariamente conllevan ciertos privilegios y divisiones de carácter socioeconómico. Imperceptible para muchos por la rapidez con la que está ocurriendo esta transición social impulsada en gran medida por las redes sociales, rompe muchos tejidos y paradigmas en el proceso de adoptar un modelo más horizontal, igualitario y participativo.

Profundos cambios políticos ocurridos en nuestro país el año pasado no son la causa de la transformación social; más bien éstos, son la consecuencia de esta transición social donde el nuevo Presidente logró personificar para muchos mexicanos este proceso.

Bueno y esto qué tiene que ver con la protección a ejecutivos?

Todo.

No debemos olvidar que nuestra actividad se desarrolla dentro de esta sociedad cambiante y a veces efervescente, que las reglas están cambiando con rapidez y si no reconocemos y nos adaptamos a este cambio corremos el riesgo de volvernos obsoletos.

Muchos expertos se escandalizaron con la decisión del nuevo Presidente de disolver al EMP y adoptar un esquema de seguridad mucho más discreto, sin embargo él no es el primero en rechazar la seguridad tradicional.

Existe un gran número de empresarios de alto nivel, conscientes de los riesgos que corren, que desde hace varios años también han rechazado el sistema tradicional de protección ejecutiva que implica la clásica parafernalia de patrullas, pistolas, trajes y lentes obscuros de tal suerte que lo que antes era símbolo de estatus ahora para muchos se está convirtiendo en mal gusto.

¿Por qué?

Justamente por los cambios sociales. La seguridad ejecutiva tradicional o la de siglo pasado, representa uno de los símbolos distintivos de la sociedad vertical de jerárquicas, privilegios pero muchas veces también de la arrogancia y abusos.

Es lógico que ni el nuevo presidente ni muchos otros empresarios desean continuar con éste tipo de protección por las semejantes razones por las cuales nadie quiere llegar a trabajar en un traje de los setentas. Y no es que sea un asunto de moda, es más bien el proceso de adaptación a una realidad social imperante.

Sin embargo las amenazas no solo siguen sino que se están agudizando.

Entonces cuál es el camino de los especialistas de protección del siglo XXI?

Es evidente que no podemos forzar al usuario a que acepte un sistema de protección que va en contra de su imagen ya que sabemos bien que un ejecutivo inclusive muchas veces prefiere cuidar su imagen que su integridad física la razón por la cual es nuestro deber de ofrecer el servicio para satisfacer ambos aspectos.

Es el momento de reinventar la protección ejecutiva, o más bien adaptarla a las necesidades de una sociedad cambiante, horizontal, participativa cuya arma por excelencia son las redes sociales.

La principal característica de la seguridad ejecutiva del siglo XX era, expresada en el lenguaje futbolístico, la de cuidar el resultado en la portería. Es un sistema de seguridad que da un mayor peso al círculo más inmediato, más cercano al protegido. Cuando decimos: “hay que proporcionarle seguridad” siempre se piensa en un número determinado de agentes quienes van a rodear al protegido y también seguirlo en una patrulla durante sus traslados. Es más: en una gran parte de los casos este último círculo de seguridad era todo lo que había en cuanto a la protección.

Todos los que tienen las nociones básicas de fútbol saben qué sucede eventualmente cuando toda la defensa se concentra solamente en la portería. Lo mismo pasa cuando concentramos toda la defensa en los últimos círculos de seguridad – lo que muy a su pesar aprendieron los servicios de protección americanos e israelíes de los atentados contra Regan e Isaak Rabin.

Las estadísticas señalan que en 94% de los casos cuando fallan las medidas preventivas fallan las reactivas también: quién se quiere subir en una aerolínea donde se caen 9 de cada 10 aviones que despegan?. A esto equivale confiarse únicamente en el último círculo de seguridad.

En el siglo XX la Protección a Ejecutivos era el sinónimo de escoltas y patrullas mientras en un sistema moderno un escolta visible es solamente la punta del iceberg de un esquema completo.

El peso de la Seguridad Ejecutiva del siglo XXI se traslada desde los últimos círculos hacía otras actividades no visibles pero muy contundentes.

El sistema de protección moderno partiendo de un detallado estudio de seguridad implica amplios análisis de inteligencia que determinan los lugares y horarios donde se cometen los delitos en las zonas en las que operamos lo que nos ayuda a evitarlos. Asimismo hay un manejo cuidadoso de la información estratégica propia donde también las personas más cercanas pasan rigurosos exámenes de confianza aplicando así la contra inteligencia.

Para que se pueda realizar cualquier agresión dirigida y planeada contra el protegido, es necesario que los adversarios lo observen por un tiempo más o menos prolongado. Es por esto fundamental la existencia de agentes especializados en contra vigilancia (adicional de la célula principal de protección) para detectar las actividades de vigilancia hostil y poder desactivar la amenaza en sus fases iniciales – o sea mucho antes de que llegue a la “portería”.

Una buena logística de traslados y las avanzadas son fundamentales para reducir la exposición a las condiciones inseguras y cerrar las ventanas de oportunidad para una agresión.

Éstas son solo algunas de muchas herramientas que tiene en su “arsenal” la seguridad ejecutiva moderna para desactivar las amenazas mucho antes de que se escenifiquen. Esto definitivamente reduce el número de elementos “pegados” al VIP evitando la imagen de tan criticado modelo “tradicional” para reforzar otros círculos y actividades no visibles. En el lenguaje “futbolero” estamos quitando los jugadores de la portería para reforzar el medio campo y el ataque.

De esta forma nuestra profesión logra adaptarse a una sociedad más horizontal respondiendo de manera contundente a las numerosas amenazas y retos que nos trae el siglo XXI.

Por Ivan Ivanovich